GREGORIO CONDORI MAMANI AUTOBIOGRAFA PDF

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Author:Kigasida Gojind
Country:Madagascar
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):16 May 2015
Pages:26
PDF File Size:12.84 Mb
ePub File Size:5.82 Mb
ISBN:224-3-41890-450-4
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Vine de mi pueblo porque no tena padre ni madre. Era totalmente pobre y hurfano y estaba en poder de mi madrina.

Ella me cort los cabellos; y un da, cuando ya era grandecito, me dijo: Ahora que ya tienes fuerzas y los huesos duros, tienes que ir a trabajar.

Te har, pues, tu fiambre para que vayas a buscar un trabajo, a ver si traes plata siquiera para la sal de la lawa2 que comes. Porque como ya tienes los huesos duros y con fuerza, ya no puedo tenerte en mi poder, mantenindote; maana tendrs mujer e hijos, y a lo mejor te toca una mujer que no te va a ayudar en nada, y me puedes maldecir.

Y yo no quiero que despus de mi muerte, alguien me maldiga; porque me puedo volver penante. As, ser mejor que t solo, desde ahora, aprendas a tejer tu vida para que maana mantengas a tu familia. As me habl mi madrina.

Y le dije: Bueno, mam. Entonces, desde ese da, en mi corazn se prendi, como alfiler, la idea de salir de la casa de mi madrina para ir a buscar trabajo. Ya no poda ni dormir. En eso lleg un arriero a mi pueblo, trayendo sal y azcar en muchos caballos y mulas para canjear con lana, chuo y moraya.

Me dijeron que ese arriero, llamado don Jacinto Mamani, sabe llevar chiquitos al Cusco para muchachos de sus compadres.

Al saber esto, lo busqu en el corral de sus mulas, y le dije: Papay Jacinto, quiero que me lleves al Cusco a trabajar en la casa de tus compadres. Al escucharme, el wiraqocha Jacinto me mir de pies a cabeza y dijo: 1Autobiografa, con la traduccin y publicacin de Ricardo Valderrama y Carmen Escalante.

Se trata de la autobiografa de Gregorio Condori Mamani y de su esposa Asunta Quispe Huamn que fue publicada en edicin bilinge en la serie "Biblioteca de la tradicin oral andina" por el Centro Bartolom de Las Casas, en el Cusco en el ao El texto tuvo su origen en la oralidad: fue grabado magnticamente, transcrito, editado, y traducido al castellano por dos antroplogos bilinges en quechua y castellano, oriundos de la misma regin de donde procedan sus entrevistados.

Desde entonces, la Autobiografa de Gregorio Condori Mamani ha sido reeditada varias veces, y traducida al noruego, al alemn, al holands, y ms recientemente, al ingls, en una versin publicada por la Universidad de Texas en Examinaremos el texto en su lengua original, y en las traducciones al castellano y al ingls que se han hecho de l.

Gregorio Condori Mamani, segn su propio testimonio, nunca aprendi a hablar castellano y nunca supo usar la escritura alfabtica. Durante los aos 70, cuando los antroplogos Ricardo Valderrama y Carmen Escalante lo entrevistaron, l viva con Asunta en un "pueblo joven" de los alrededores del Cusco, trabajando como cargador en los mercados, mientras ella trabajaba de cocinera2.

El libro se ha vuelto un ejemplo sobresaliente del gnero de la literatura testimonial. Ante eso, yo no s de dnde todava salieron mis lgrimas, y llorando le dije: No pap, soy hurfano, solo; mi madrina ya no quiere mantenerme. Despus me contest: Entonces, me esperas el martes en el camino junto al puente de Yuracmayo. Hasta ahora recuerdo, cun largos fueron esos cuatro das que esper para partir de mi pueblo. Nunca los das fueron tan grandes y largos, como los das que esper para venirme al Cusco.

Slo una vez, en una faena, haba escuchado al tayta Laureano Cutipa hablar del Cusco. El tayta Laureno estaba de Alcalde Varayoq y en esa faena dijo que cuando el Inka estaba construyendo el Cusco, donde vivieron nuestros abuelos, todo era pampa; no haba cerros y el viento, dice, entraba como toro bramador por estas pampas derribando cualquier pared o casa que levantaba el Inka.

As, un da, el Inka haba dicho a su mujer: Carajo! Este viento no me deja trabajar, voy a encerrarlo en una cancha hasta que termine de hacer el Cusco. De ese modo el Inka se fue a La Raya a encerrar al viento, para lo que haba construido una cancha muy grande. Ya cuando estaba arreando al viento para apresarlo, haba aparecido 3 el Inka Qolla -dice que el viento pertenece al Inka Qolla, por eso en el lado Qolla hay mucho viento y es puro pampa- el Inka Qolla le haba dicho: Para qu quieres encerrar mi viento?

Para construir mi pueblo. Haba contestado el Inka. Si t quieres hacer tu pueblo, te voy a consentir que encierres mi viento slo por un da; si no terminas en ese da, nunca podrs acabar, porque a mi viento voy a ponerle ms fuerza de la que tiene, y barrer con todo.

Al verse en esta situacin, el Inka amarr el sol, de ese modo el tiempo se convirti en largo da. Cuando haba terminado de construir el Cusco, su mujer le haba sugerido al Inka: Tienes que construir hartos tajamales, porque cuando el Inka Qolla suelte al viento, lo soplar de nuevo.

Y al comprender esto, el Inka haba hecho todos los cerros que rodean al Cusco y as estos cerros existen desde aquella vez. Yo pensaba en esta historia: En el Inka, tratando de prolongar el da, construyendo el Cusco, cuidndose del viento del Inka Qolla. Entonces era tiempo de lluvias; la lluvia y la nevada caan da y noche, hasta que las lomas y las pampas quedaban blancas, cubiertas de nieve. Creo que partimos un da martes Las mulas y los caballos andaban al tanteo, y ya por 3Sic aperecido.

Esto pareca haber quemado mis ojos, porque me dio surunpi;4 ya casi de noche llegamos a una lomadita donde haba una posada a donde tambin haba llegado otro arriero con su seora y media piara de mulas; la seora estaba embarazada, ya en los ltimos das. Cuando estbamos bajando las cargas de la piara de mulas, empez una lluvia fuerte y los truenos caan a nuestro lado, reventando como camaretazos muy fuertes, por lo que todos estbamos asustados.

Las mulas y los caballos, de puro susto tambin, queran saltar la cancha para escaparse, hasta que el wiraqocha Jacinto orden a sus dos peones: Atajen desde los cercos; y t, Gregorio, agarra mi mula de montar. En medio de esa lluvia, todo mojadito, estaba agarrando la mula.

La seora del arriero pobrecita! Nunca vi caer tantos rayos ni tronar tanto como esa noche, como queriendo hacer pampas de los cerros. As en la lluvia, en medio de rayos y truenos que caan a nuestro lado, la huahuita sali de su mam, tambin gritando, como asustada por la tormenta.

Esa vez, ya cuando estaba por amanecer, mis ojos empezaron a dolerme, como si me hubieran metido a los ojos ese fierro candente para marcar caballos. Como nunca me hablan dolido con ese dolor que da ganas de arrancarse los ojos, yo tambin empec a gritar como esa seora, y en lo que estaba gritando, senta que en mis ojos haba candela que me estaba quemando el cuerpo. En eso me dijo el pen de la seora: No seas bruto, indio: bjate el pantaln, amontona harta nieve y sintate encima; vers que tu dolor va a pasar.

Hice lo que me dijo, y llorando estaba sentado sobre la nieve, agarrando la mula; era cierto, el dolor de mis ojos bajaba poco a poco. Pero al da siguiente, mi culo estaba hinchado, todo rojo, como si me hubieran quemado con agua hervida, y no poda caminar. Esta mala suerte padec aquella vez cuando quise llegar al Cusco a emplearme como sirviente; pero seguro mi estrella no era para llegar al Cusco a trabajar de muchacho, era ms bien para estar dando vueltas, penando pueblo tras pueblo.

Porque esa vez, mis ojos y mi culo estacan hinchados totalmente, y no poda caminar al paso de la tropa de mulas. Ellos avanzaban y yo me quedaba atrs ms y ms. De esto se dieron cuenta los peones y le avisaron al patrn; el patrn orden a uno de los peones para que me dejara pagado en una estancia de ovejeros y me curaran de mi mal.

El pen me dijo: Cuando sanes te regresas a tu casa. Pero la noche de ese da, en la casa de estos ovejeros, estuve muy mal, ya para voltear a la otra vida, enfermo con calentura, ya volteando los ojos. Mi cuerpo era como brasa ardiendo, pero la duea de la estancia me salv. Ojal a esta seora de buen corazn el Seor la haya hecho sentar a su lado, porque ella es la que me salv de lo que ya estaba caminando a la otra vida. Per] con el nombre de Soroche y Surumpi. EL reflejo de los rayos del Sol sobre las nieves produce una sbita oftalmia, irritacin los ojos, que muchos les causa una ceguera instantnea, acompaada de agudos dolores.

Se evita este peligro pintando de negro los prpados, bien frotndoselos con nieve. Este orn con harta sal lo hizo hervir, y con este orn hervido me ba todo el cuerpo de pies a cabeza, y con una bayeta grande que calent en el fogn, me envolvi.

As, todo mi mal era para esto, porque al da siguiente de nuevo estaba sano. Y desde ese rato, solo, en mis adentros empec a pensar que poda alcanzarlos a ellos, pero vi que era difcil. Era tiempo de lluvias y no conoca los caminos. Al verme as empec a llorar a ocultas de los dueos de la estancia. Como yo estaba llora y llora, el dueo de la estancia me dijo: Qudate con nosotros, a pastear ovejas. Como no poda ir a ningn lugar, me qued con ellos a pastear ovejas; as, al amanecer del tercer da que me qued en la estancia, estaba junto con ellos apacentando ovejas.

Pero el dueo de la estancia tena hartos chiquitos que eran unos diablos pendencieros, que queran pegarme a menudo. Yo no me dejaba. Ellos jode y jode, hasta que ya no haba paciencia para aguantarles; yo les haca chillar. Por eso varias veces me fuetearon: Abusivo carajo, habas pegado a mis hijos. Como me maltrataban ellos y sus hijos, y haba poca comida -en las estancias siempre hay poco de comer- no encontraba el da para irme a cualquier lugar.

En lo que estaba caminando as tras las ovejas, con el corazn puesto ya en otro pueblo, un da pasaron unos arrieros con direccin a Acopia. Yo me fui tras ellos, dejando las ovejas que pasteaba en una lomada. Yndome tras esos arrieros, aparec de nuevo en Acopia. As, ya en Acopia, no saba a dnde entrar, tena vergenza de regresar a la casa de mi madrina. Como aqu en Acopia no haba otro hueco donde meterme, ya de noche regres a la casa de mi madrina. Estaba entrando a su casa, despacio, caminando con la punta de los pies para no hacerme notar con el esposo de mi madrina.

Pero este desalnado siempre me vio: Ah carajo! Este maoso haba regresado; seguro le ha falt tado tragadera. Ante sus palabras estaba temblando de vergenza y slo dije: Fui a trabajar. En cambio mi madrina, creo, al verme se alegr, porque me dijo: Si ibas a trabajar por qu no avisaste? As aquella noche dorm en casa de mi madrina entre miedo y vergenza. Pero al da siguiente, de nuevo estaba en sus mandatos. Aunque yo ya no estaba en m, siempre estaba pensando en irme donde sea a trabajar.

As pas algunos meses ms en casa de mi madrina sufriendo, porque fui un nio hurfano; que no s si mi madre me pari para un casado, para un soltero o para un viudo; no s del todo para quin me pari mi madre, de esto slo sabe ella, que ahora ya es alma.

Cuando era muy nio y no reventaba mi boca ni a mi nombre, mi madre me entreg a mi madrina que no tena hijos. Pero el esposo de esta mi madrina era muy tacao y me pegaba de todo, a veces hasta sangrarme, incluso de lo que coma. Slo una vez mi to Luis me dijo que el pueblo donde me arroj mi madre a esta vida es Layo, mi legtimo pueblo, donde nac.

Pensando en esto sal de Acopia para Layo, junto a un carnicero del Cusco, que caminaba por todas partes comprando ovejas. A este carnicero le decan ladrn, porque nunca se alojaba en el pueblo, pues siempre acampaba en un toldo al canto del pueblo. Dentro de este toldo se cocinaba.

La noche que fui donde ellos, haca mucho fro; y como haca mucho fro, me entr dentro del toldo, sin que se dieran cuenta. Ya cuando estaba dentro del toldo me cogieron rindose: -Haba entrado ladrn, -dijeron, y me amarraron los pies y las manos.

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